Oscar Ceballos

 

Nunca empecé y nunca terminé. Fue lo único que pude comprender de mi intento
por leer aquel libro de arena que obtuve hace unos años. En un principio
imaginé que el libro trataba de política, o esa fue la impresión que me dio la
primera vez que lo abrí. En otra ocasión lo abrí y  para mi sorpresa encontré
algunos de los principios fundamentales del cálculo infinitesimal planteados
por Leibniz, me interesé un poco y seguí leyendo, pero cuando volví la pagina
me encontré con otra sorpresa, la teoría de la relatividad especial de Einstein
estaba plasmada allí, entonces traté de buscar la continuación de los
principios fundamentales del cálculo infinitesimal, pero fue inútil, cada vez
que pasaba la página hallaba un tema nuevo en un número de páginas sin orden
alguno.  Quedé atónito ante tal libro, y entonces me di cuenta que aquel libro
que había encontrado tirado en el césped de mi Universidad tenía infinitas
páginas. Desde ese momento, en mis ratos libres cogía el libro y lo abría, 
nunca pude encontrar los principios del cálculo infinitesimal,  y en las noches
me preguntaba cómo era posible que un libro de masa y volumen finito pudiese
contener un número infinito de hojas, pues estaba totalmente seguro de que mi
libro no pesaba mas de 7 libras, pero jamás pude saber el número de páginas que
contenía.

Había pasado un mes desde el día en que encontré el libro, estaba trastornado
con aquel libro, durante 2 días traté de encontrar la primera página, pero me
fue imposible, cada vez  que volvía la hoja hacia la pasta tratando de
encontrar la primera página, aparecía una nueva; todos mis intentos fueron
fallidos. Del mismo modo traté de observar si el número de las páginas se
repetían con algún tipo de frecuencia pero me fue imposible saberlo. Durante
varios días anoté los números de las páginas en un cuaderno,  alcancé a anotar
alrededor de 10.000 números de distintos dígitos, luego traté de encontrar
algún orden entre los números y ni el valor de los números  ni el de los
dígitos tenían orden pensable.

 Fue entonces, cuando perdí el interés en leer aquel libro absurdo; sólo me
interesaba comprender cómo era posible que mi libro tuviese infinitas páginas,
cómo!!!??.

Tras 3 meses de tormento con aquel argumento, llegue a la conclusión de que es
realmente imposible que un volumen finito y una masa finita contuviesen un
número de páginas infinitas, ¿acaso un número de paginas infinitas no están
dadas por un volumen y masa infinitos?, no importa el material de las páginas
ni su grosor. Por lo anterior, un  libro que pervierte la realidad de tal forma
debe ser maldito, pensé. Después de llegar a ésta conclusión me dirigí hacia el
río Bogotá, y arrojé el libro con todas mis fuerzas hacia el centro de ese
escabroso río.


Ahora me siento mejor, ya no pienso en aquel libro y no me perturba el hecho de
saber que no pude terminar de leer el libro; es más, tampoco me molesta saber
que no pude empezar a leerlo.