TODO UN NIÑO DE PAPI Y MAMI
INTY DAVID LÓPEZ
GONZÁLEZ
Desarmar toda una vida no es fácil y mucho menos cuando es la de un ser
querido; hace dos semanas que murió mi padre, y creo que estaba listo para
empezar con esa dura tarea, que es repartirnos sus cosas; obviamente son solo
objetos que se encuentran dentro de esa gran casa, donde él y mi madre pasaron
sus últimos días.
Mi padre siempre fue un hombre muy ordenado, y su muerte no sería algo
distinto, todas sus cosas se encontraban en el mismo lugar que las había dejado mi madre antes de morir,
nada se había movido y hoy tendríamos que desenmarañar todas sus vidas y
quedarnos con algo de ellos. Sus casas, sus carros y la finca en la que mi
padre solía pasar la mayor parte de su tiempo ya habían sido repartidas en la
lectura del testamento tres días antes.
Y por eso era tan importante desocupar la casa.
-Está casa huele muerte- Dijo mi
hermano apenas entró, y esa es una de las razones por las cuales decidimos
venderla, pero no solo olía a muerto, olía a soledad y tristeza, no creo que en serio la casa oliera
a eso, yo creo que era más la impresión de entrar en ella que el verdadero olor
que irradiaba la casa.
Mis hermanos y mis cuñadas estaban de acuerdo en que yo me quedara con las
cosas que mi abuela le había heredado a mi madre, ya que yo había sido el más
apegado a ellas. Fue lo primero que subí a mi camioneta, casi todas eran
antigüedades y cosas que en unos cuantos años podría llegar a serlo.
Pero esta concesión no venía sola, al igual que acordaron en que yo me
quedara con esas antigüedades, también habían acordado que yo fuese el que
desarmara la biblioteca de mi padre, la verdad no me pude negar, ni presentar
objeción, pues se me hacía que sería mucho más fácil y que igual, no sería muy
melancólico, no más que desarmar nuestros cuartos o el de mis padres, y por esa
razón decidí aceptar.
Cuando me decidía a empezar, algo paro mi respiración, un sonido, una
sonata que atravesó mi corazón, puse a sonar el equipo, como porque el sonido
del dolor fuera callado o por lo menos apaciguado por el sonido de una emisora
de música clásica. Pero el efecto fue contrario, un CD de Gardel empezó a
sonar… ¡que daño que nos hizo ese tango! No era el hecho de que fuese un tango,
porque más daño nos podía hacer oír a Pablo Milanes o a Silvio Rodríguez , que
en sus letras describían la crianza de mi padre. Era más bien el CD y lo que
representaba para nosotros, este CD pertenecía a una colección que mis hermanos
le habían regalado en una navidad a mi papá cuando éramos unos simples
adolescentes. Desde la última alcoba de la casa se escucho un grito de rabia
enredado en trazos de dolor, proveniente de mi hermano mayor.
-¡apague eso!-
Fueron las únicas palabras que comprendí de lo que gritaba mi hermano, pero
creó que han sido las palabras que más me han llegado al alma, no fue el
momento lo que las hizo importantes, sino lo que produjeron en mi
subconsciente: me vi de 16 años otra vez, recordé las constantes peleas de
ellos por ser de temperamentos muy fuertes, creó que me devolví muchas páginas
en ese infinito libro que es el libro de mi familia.
Una mano suave y cálida me recordó el lugar en que me encontraba y el por
que, pero mi cuerpo siguió pasmado, de
pronto fue una reacción psicológica al hecho de vivir lo vivido por segunda
vez, o tal vez fue el hecho de mi incapacidad de demostrar abiertamente mis
sentimientos, que hizo que paralizara mi cuerpo antes de derramar una lagrima
frente a alguien, la verdad no me interesa saberlo, por que cualquiera de las
dos son el reflejo de un problema.
Lo primero que empaqué fueron las figuras de porcelana, y los recuerdos de
las ciudades en las que estuvieron mis padres, le pedí a mi esposa que ni
siquiera se tomará la molestia de mirar que le gustaba, porque esas pequeñas
cosas era parte de un capitulo de nuestro libro familiar, del cual desconocía
el comienzo y no quería recordar el final.
Luego seguí con los libros de literatura latinoamericana, empaqué las obras
completas de García Márquez y de Vargas Llosa en una caja, luego seguí con los
libros de tesis, para seguir con los de autores desconocidos a mi modo de ver y
por último los de currículo que eran los más importantes en la colección de
papá, porque fueron los que nos dieron los lujos de nuestra juventud.
Estando ya desmontada la majestuosidad de la biblioteca de mi padre,
descubrí entre los viejos LP del viejo, un libro, un libro desagradable, de
hojas amarillas y pasta sucia, un libro que no producía ninguna atracción, por
eso pensé que mi padre lo tenía hay guardado.
Subimos los muebles más pesados al camión de mudanzas y partimos cada uno
hacia su destino, a continuar con el capitulo que debíamos escribir en el libro
familiar por ser parte de ella, ese derecho pero que al igual es deber por
pertenecer a mi familia.
Parecerá ridículo lo que les voy a contar en este momento, pero aquel libro
que provocó en mi tal desagrado en el momento de encontrarlo, me llamó la
atención meses después, no fue su carátula o lo viejo que era, sino que como se
han podido dar cuenta en mi relato casi siempre le busco un significado a los
sucesos de mi vida; la verdad es que yo nunca tuve una relación muy cercana con
mi padre, yo fui más bien algo alejado de él, y no sólo era el hecho de que
trabajara fuera de la ciudad, sino que nuestros pensamientos casi nunca
coordinaban y terminábamos en disputas que hacía que nuestra relación se fuera
volviendo más fría con el tiempo; por eso decidí empezar a leer este libro, yo
sabía por que papá había comprado los otros libros, siempre estuvieron hay y
siempre tuvieron un objetivo en la biblioteca de papá para mí; pero este era
diferente, este nunca tuvo un lugar en mí, porque nunca me detuve a pensar en él,
y no por que no existiera, sino por que se encontraba en un lugar lejos del
alcance de mis sentidos primarios.
A diferencia de otros libros, éste tenía el inicio en la mitad, y cada vez
que trataba de buscar las páginas extremas me cortaba los dedos o simplemente
me cansaba, ya que a medida que me alejaba del centro, de ese centro que yo le
había dado, las hojas se volvían más pequeñas en grosor y por ende más
peligrosas para mi salud.
Al cabo de varios días de estar en la lucha de encontrar los comienzos o los
finales del libro, descubrí que no necesitaba llegar al comienzo o al final
para saber que significaba este libro para mi padre, y si lo podía encasillar
como a los otros de la biblioteca.
A la mañana siguiente tomé una página a l azar y de ahí empecé a leer hacia
delante, todas las páginas tenían pequeños apuntes de mi padre, y leí y leí hasta
la última página en donde existían pies de página hechos por él, y todo lo que
leí allí se podría resumir en pocos temas: el fútbol, la educación, la pobreza,
la familia. Cada tema con varias páginas llenas de apuntes hechos a mano, pero
algo que me sorprendió fue que después de haber leído una página con los
apuntes de papá, no podía volver a leerlos, era como si este libro fuera el
retrato de haber escuchado a mi padre, de haber tenido una relación muy
estrecha, y lo que olvidaba, lo olvidaba para siempre, porque él ya no estaba
aquí, como ya no lo estaban las páginas ni los apuntes.
Pero hubo un momento en el que terminaron los apuntes de mi padre, ya no
había más de él, y mi curiosidad me llevó a seguir leyendo, a conocer lo que mi
padre no conoció, hablaba sobre la naturaleza, y como yo siempre he sido muy
tradicionalista hice un apunte, puse al lado del comienzo del capitulo “la
naturaleza es una esencia, y no un ser, el hombre se ha equivocado al tratar de
compararse de iguales con ella, nosotros
seriamos con un subconjunto propio de la naturaleza, como se diría en teoría de
conjuntos, y cada uno de nosotros se puede relacionar con el otro de diferentes
modos y hasta lo que no se puede relacionar, se relaciona por ese mismo hecho de
no poderse relacionar” y así seguí durante un largo rato, leyendo y escribiendo,
hasta que mi esposa me llamó a comer y decidí cerrar el libro y volver a la
realidad que yo creía cierta y comer.
Al día siguiente al abrir el libro no encontré lo que yo había escrito,
esto ya se había vuelto parte del libro, y decidí empezar de ceros, pero esta
vez ya eran temas diferentes y los apuntes no eran de mi padre, eran más bien
de mi madre, reconocí la sutileza de sus palabras, pero esto ya no me llamó la
atención como lo de mi padre, esto yo ya lo conocía, y lo único que me provocó
fueron unas ganas de llorar, y por mi problema decidí retroceder muchas hojas
pero muchas, y cuando leí ya no era la voz de mamá la que hablaba en los
apuntes, sino la de la abuela, y pase muchas mas hojas atrás y eran apuntes de
mi abuelito, y estos si que me llegaron al alma, eran tan sabios y tan
respetuosos, la verdad es que siempre he querido ser como él, y mi curiosidad
me llevo a pasar más hojas atrás, pero hay si no entendí, no reconocí la letra,
no se de quien era, eran más bien garabatos y frases alegóricas que no entendía
y creo que eran de mis bisabuelos.
Ya no entendía más atrás y volví a irme hacia delante, pasé muchas y muchas
hojas sin entender no sé quienes eran, sólo se que eran parte de mi libro, de
mi libro familiar, y llegó un momento en el que no pude avanzar, no por que no
hubiese más hojas escritas, sino por que mis dedos no alcanzaban a pasar las
hojas y me cortaban la yema de los dedos, y con lo que duelen estás heridas,
cerré el libro y lo coloqué en un estante de mi biblioteca.
No volví a abrir el libro porque la única razón que me llevó a él fue saber
más sobre mi padre y eso ya lo había logrado.
El libro está en este momento en mi biblioteca, sólo que en la pasta le
pegue un letrero que dice “el libro infinito de mi familia”, yo sé que cada vez
que lo abra me encontraré con algo nuevo, pero la verdad, toda está historia me
recordó una materia en mi universidad que nunca llegue a entender por completo
hasta que leí parte de este libro. Y creo que eso es todo lo que tengo que
decir acerca de mi padre, pasando por alto lo que ustedes ya deben saber por
ser parte de mi familia.
La sala quedó en un silencio abrumador, después de varios minutos mi
hermano me dijo:
-usted debió estudiar algo más artístico y no cohibir sus talentos como
nosotros dos-
Soltó una carcajada al decir:
-de harto le sirvió leer el libro, si continuó con esa carrera que todos
sabíamos que no era la suya-
Mi hermano mayor, me pregunto con su típico tono de voz, serio pero amigable al mismo tiempo:
-en serio ¿por que lo hizo?-
Después de respirar profundo, le conteste que…