EL INFINITO EN FORMA DE LIBRO

 

Por Alejandra Villarreal Velandia.

 

Esa tarde, estaba yo en mi casa con Luna, mi hermana, después de un día de estudio.  Luna me pidió que, mientras ella hacia unos ejercicios de matemáticas, yo le ayudara con una tarea que consistía en leer el primer capitulo de un libro. Yo consideré que no había ningún problema y opté por ayudarle. De su maleta ella sacó un libro llamado “el libro de arena” y me lo dio. Cogí la carátula del libro y la abrí, vi que hojas y más hojas caían como si se desprendieran de la carátula y durante un tiempo mayor de lo que yo esperaba esto no dejo de pasar. Asustada lo cerré. Volví a intentarlo muchas veces pero siempre ocurría  lo mismo, entonces opté por dejar de hacerlo. Se me ocurrió la idea de abrirlo en una hoja intermedia y desde allí llegar hasta el inicio, o en su defecto hasta donde empezaba el primer capítulo. Así que metí el dedo al azar en una hoja, que me parecía estaba cerca al inicio, y lo abrí desde ahí. Por cosas del destino abrí en la hoja con un dos en su número de página y haciendo uso de mi sentido común, me precipité a retroceder la hoja para hallar la número uno, pero como las veces anteriores, fracasé en mi intento. Nunca podía pasar una sola hoja porque me daba cuenta que  por más que lo intentara, siempre me hacían falta hojas por pasar.

 

Muy extrañada e intrigada, le rogué a Dios para que me ayudara a encontrar la hoja número uno, poniéndole como excusa mi deseo de colaborar a mi hermana. En un momento inolvidable para mí y que aún trasciende en mi mente, una luz blanca cayó del cielo y con algo que solo puedo explicar como un milagro, abrió el libro en la hoja en que se hallaba el inicio del primer capitulo, ubicada en el lado derecho. Al terminar de leerla nunca pude continuar a la siguiente página; pero al ver el número de la hoja izquierda vi que no era el anterior de la que yo leí, así que deduje que la siguiente no tendría por que ser la que continuara con la lectura del capítulo y la continuación de la lectura podría estar en cualquier parte del libro. ¡Mi hermana me había dado el infinito en forma de libro! Supe que lo era por que siempre había más hojas entre dos hojas y una numeración no consecutiva de sus hojas era irrelevante.

 

Finalmente, tuve que aceptar que no pude leer el libro, que ese libro estaba más allá de lo que yo puedo percibir con mis sentidos y que por más que lo intentara, nunca el infinito sucumbiría ante mis caprichos y curiosidades terrenales, y que lamentablemente, mi hermana se iba a quedar sin entregar la tarea. Por lo menos en esta vida.