
“Sólo cuando no se mira ya la utilidad externa, sino esa serie de partes no utilizadas de la matemática misma, se observa su otro rostro, el peculiar de esta ciencia. (...) En alguna parte de su interior trabaja el matemático individual, y sus ventanas no dan afuera, sino a la sala contigua. Es un especialista, pues ningún genio es ya capaz de dominar el todo. Cree que lo que hace arrojará alguna vez un beneficio líquido para los asuntos prácticos, pero eso no le espolea. El sirve a la verdad, esto es, a su destino y no a su objetivo. Ya puede el resultado ser mil veces económico: en sí mismo se trata de una pasión, de darlo todo.”
Robert Musil , El hombre matemático